jueves, 30 de enero de 2014

"DIARIO DE VIAJE 2: Sukhothai.

El martes por la mañana abandonamos temprano nuestro hostal en Bangkok para dirigirnos a pie hacia la estación de autobuses de Hualampong, a 3 kilómetros, en busca del tren que nos llevaría hasta nuestra siguiente parada: Pitsanulok. Estuvimos poco más de 1 hora esperando a que resolvieran unos problemas técnicos en el tren para iniciar el viaje y, fue ahí, cuando topamos por primera vez con la “parsimonia asiática”.



El trayecto, que duró unas 6 horas, estuvo acompañado por el estruendoso e incesante sonido del claxon cada vez que el maquinista pretendía avisar de su llegada o alertar a animales y personas presentes en las vías del tren (aunque llegamos a pensar que lo hacía porque le daba la gana ya que pitaba cada 30 segundos…).

La ciudad de Lopburi, famosa por sus monos callejeros, desde el tren.

Durante el viaje nos dieron bebida y comida incluida en el precio del billete. Con el fuerte vaivén que ejercía el tren al moverse, resultaba divertida la hora de la comida y de ir al baño… 

Comiendo en el tren.

 (Comida que cuando tienes hambre está buena...)

Al bajar del tren en Pitsanulok, numerosos conductores de tuk-tuk (que ya nos esperaban impacientes) nos ofrecieron llevarnos hasta la estación de autobuses para coger el autobús que nos llevaría hasta Sukhothai, lugar donde pasaríamos nuestra segunda noche en Tailandia. El trayecto en bus no duró más de una hora (con lo que nos alegramos bastante después de haber pasado tantas horas en tren y tantas horas en avión el día anterior…).
A nuestra llegada a la estación de autobuses de Sukhothai, cogimos un “tuk-tuk bus”  más conocido como “Sowngthaew” que nos llevó hasta la guest house donde queríamos alojarnos. Ya de noche, salimos a pasear por las fantasmagóricas calles del centro en las que únicamente nos encontramos con algunos puestos de comida callejeros y algún que otro conductor de tuk-tuk medio adormilado en el asiento del vehículo.



A la mañana siguiente, cogimos nuevamente un “tuk-tuk bus” para que nos llevara hasta el Parque Histórico de Shukothai (Patrimonio Mundial por la UNESCO), a 14 kilómetros de la ciudad. 
En el “Sowngthaew” o "tuk-tuk bus"



La ahora  ciudad antigua (“meuang kào” para los tailandeses), constituyó el primer reino tailandés independiente: “ El Reino de Shukhothai” que fue fundado a mediados del siglo XIII, hasta que fue absorbido por  otro gran reino tailandés “El Reino de Ayutthaya”.

Dicho parque está constituido por tres zonas: la central, la norte y la oeste y a lo largo de todas ellas se presentan una serie de ruinas muy bien conservadas rodeadas de árboles y bordeadas por estanques repletos de flores de loto de una belleza exuberante. A veces el verde paisaje parece eclipsar incluso a los antiguos templos. 

Mapa del parque.

Entradas a la zona central del parque.





Nosotros decidimos alquilar unas bicis para poder visitar el parque de manera más cómoda (altamente recomendado) y pagamos únicamente la entrada para acceder a la zona central. Esta zona es la que acoge a las ruinas mejor conservadas y más impresionantes, según habíamos leído (Wat Mahathat, Wat Si Sawai, Wat Sa Si, Wat Trapang Thong y el Museo Nacional de Ramkhamhaeng) con lo que consideramos que visitar las zonas oeste y norte no merecían tanto la pena (aunque tal vez nos equivoquemos…) y la diferencia de precio por visitar una zona o todas era considerable.


Estuvimos toda la mañana dando largos paseos por sus calles acompañados por unos intensos rayos de sol y por la agradable melodía que componían los pájaros al cantar. Nuestra cámara no dejó de capturar instantáneas de los templos ni de inmortalizar aquellos bonitos paisajes durante la visita.



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Por sorpresa, mientras visitábamos una de las ruinas principales, el Wat Mahathat, vimos que a lo lejos saltaban de un “sowngthaew” un centenar de monjes de corta edad. Rápidamente se acercaron hasta las ruinas para rezar y para atender a las explicaciones de su maestro. Fuimos testigos de cómo respondían a las preguntas que les formulaba alzando la mano y de la naturalidad con la que los niños se arrodillaban y juntaban las palmas de sus manos ante los impresionantes budas de piedra. 

Durante la visita de los jóvenes monjes al parque.
Nos encantó ser testigos de un momento como ese en el que vimos la devoción, la disciplina y la humildad de todos esos niños que se mostraban tan tímidos como felices. Su sonrisa sí que pareció eclipsar a los antiguos templos.



Monjes atendiendo a las explicaciones de su maestro.

 Después de unas cuantas horas visitando el parque decidimos dejar las bicis y volver a la “Ciudad Nueva de Sukhothai”. Estábamos bastante cansados después de toda la mañana pedaleando y andando entre las ruinas bajo ese sol intenso, así que esperamos sentados junto a la carretera a que apareciera el  “sowngthaew” que nos llevara de vuelta a la ciudad. 


Mientras estábamos picando unas patatas, ya que el hambre estaba apretando, se detuvieron  a nuestro lado dos sonrientes mujeres tailandesas que iban cargadas de bolsas con comida. Una de ellas cogió un puñado de frutas y nos las ofreció. Nos dio a entender, como pudo, que estaban muy buenas y que debíamos probarlas. Mantuvimos una corta y amigable conversación sin hablar el mismo idioma aunque ambos sentimos que nos podíamos entender a la perfección. Nos quedamos muy sorprendidos con el detalle que tuvieron aquellas mujeres desconocidas y nos alegró aún más el día que estábamos teniendo. 

Regalo de las amables señoras. 

Esos pequeños gestos son los que ya no encontramos en un mundo como el nuestro y que ellos deben ver "tan normal" en un mundo como el suyo; un mundo en el que no ser rico no implica no ayudar a los demás ni ser generoso... En este viaje nos hemos dado cuenta de que a veces quien tiene más es quién ofrece menos y quién tiene menos es quién ofrece más… Su humildad, su cercanía y su perpetua sonrisa es lo que les hace personas merecedoras de una vida dichosa aunque a veces, tristemente y sintiendo una gran impotencia, veamos que no es así. Fue ése, el primer momento en el que nos sentimos como en casa en un país tan lejano y tan diferente al nuestro.  





Cuando regresamos a la ciudad nueva, nos  adentramos en sus abarrotadas calles de puestos de comida y de tiendecitas que invitaban a un disparo continuo de fotografías.  A pesar de todo, en esta ciudad se respiraba sosiego y autenticidad. Compramos un poco de fruta de buena calidad a muy buen precio y estuvimos dando una vuelta hasta que empezó a oscurecerse el día. 


Mientras Yo fotografiaba una de las intersecciones más abarrotadas de gente, tuk-tuks y puestos callejeros, la mirada de un niño se topó con la mía a través de la mirilla de la cámara. Cuando me dispuse a disparar, contemplé cómo el pequeño juntaba sus palmas de las manos para regalarme un tierno saludo budista. Me despegué un poco de la cámara y le miré lanzándole una cómplice sonrisa. Después disparé y mi cámara inmortalizó para siempre el tímido rostro risueño de aquel adorable niño de la moto. Ese mágico instante que provocó que mi bello se erizara y que mis ojos se humedecieran un poco, permanecerá por siempre en mi recuerdo.

El simpático niño de la  moto.

En Asia nunca sabes cuál será aquel momento que te hará llorar de emoción y cuál te hará llorar de tristeza... Sin duda, aquel día había sido genial y estábamos muy contentos por cómo había comenzado nuestro viaje. Sentimos que dentro de nosotros residía una gran ilusión; probablemente la mayor de nuestras vidas. Durante nuestra breve estancia en Sukhothai, casi no nos cruzamos con turistas más allá de la calle principal en la que residían. En dicha calle se concentraban la mayoría de guest house y restaurantes (además del famoso  “7 eleven”) y demás comercios regentados por gente local. 


Al caer la noche, la ciudad cambiaba por completo; las calles se oscurecían a la vez que los comerciantes recogían sus puestos de venta dejando paso a una ciudad fantasma lejos de la arteria principal de la ciudad. En el centro, el ambiente podía durar un par de horas más hasta que los restaurantes cerraban. Nos hemos podido dar cuenta de que el Sudeste Asiático  es un lugar en el que la gente hace vida de día y en cuanto se va el sol se refugian en sus casas para poder levantarse cuanto antes al día siguiente (¡cuántas noches nos quedamos casi sin cenar al principio de nuestra andadura por Asia!). El presentarse a las 21:30 o, incluso 21:00, en un restaurante (¡ya no hablemos a las 22:00 h!) puede significar que estén cerrando o que ya hayan cerrado, o de hecho, que ya estén en la cama... 

                        

La ciudad de Sukhothai nos agradó a pesar de que no tiene aparentemente ningún encanto y que si no fuera porque se halla el Parque Histórico, probablemente acudirían pocos viajeros. No sabemos si fue la autenticidad y amabilidad de sus gentes o la tranquilidad que desprendían sus calles (cosa que después de venir de una ciudad como Bangkok se agradecía…) pero disfrutamos de esos efímeros días salpicados de historia y de calma. 

Nuestra aventura por Tailandia había empezado.      




Aquí tenéis el enlace para ver el video resumen de nuestra estancia en Sukhothai: 
www.youtube.com/watch?v=1O12yZZBkuA


Más información…

- Billete de tren de Bangkok a Pitsanulok: 479 THB/persona (unos 10 €).

* Encontraréis información acerca de los trenes que recorren Tailandia (y demás destinos) en la siguiente web: www.seat61.com  A nosotros nos ha resultado muy útil.

* La estación de autobuses de Pitsanulok no está excesivamente lejos de la estación de trenes (a unos 3km) pero si no se desea ir andando, a la llegada numerosos conductores de tuk-tuk ofrecerán sus servicios al viajero. Pagar más de 20 THB/persona sería un robo.

- Billete de bus a Shukothai: 43 THB/persona (casi 1 €).

* La estación de autobuses de Shukothai está a 10 minutos en tuk-tuk del centro con lo que es necesario coger un “sowngthaew” a la llegada a la estación. A nosotros nos costó 50 THB a cada uno (1,12 €).

- Estancia en hostal (TR GUESTHOUSE -  www.trguesthouse.com): 250 THB/noche (5,5 €)

*Habitación doble con baño privado (agua fría) y ventilador. 

* El dueño es muy amable y el precio es muy bueno para una habitación doble tan cerca de la calle principal de la ciudad. Está a pocos metros de varios restaurantes, supermercados, tiendas, banco…

- Entrada al Parque Histórico de Shukhothai (visita zona central + acceso bicis): 110 THB/persona  (100 THB entrada + 10 THB bicis) (casi 2,5 €)

- Tuk-tuk bus (“sowngthaew”) al Parque Histórico de Shukhothai (ida y vuelta):  120 THB/persona (2,7 €).

* Estos tuk-tuk bus se cogen en la calle principal de Shukhothai un poco más adelante del 7 eleven.

- Alquiler bici en la entrada del Parque Histórico de Shukhothai: 60 THB/persona (1,3 €).

- Compra de fruta callejera (1 kg de plátanos, 1 kg mandarinas, 1 bolsa de plátano frito): 35 THB (casi 0'80 €).

* Merece la pena mezclarse con la gente local y comprar frutas frescas a muy buenos precios. Es una buena experiencia.



"TÚ, YO Y EL MUNDO"